Llevábamos unos años haciendo bromas con las angulas, diciendo que pronto se venderían por docenas y cotizarían en bolsa, tal es el astronómico precio que esos bichitos han alcanzado por nuestra culpa, por culpa de nuestras aficiones culinarias convertidas en obsesión. A la angula le salió un sucedáneo, que tampoco es barato, pero que satisface a quien le va sobre todo el rito, y el ajo tratado en aceite de oliva. Habrán adivinado en mi poco respetuosa manera de contarlo, que yo no soy de angulas, que no lo era ni cuando se compraban a buen precio en Hendaia. No soy de angulas, como Pablo Aurrekoetxea no es de pollo, que no lo comía, dice, ni cuando era caro.
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Leo en DEIA que van a regenerar Esperanza. Leo que van a regenerar el edificio de Esperanza y Cía. de Markina-Xemein, que quedará para la historia, digo yo, como fábrica de morteros. La última noticia que tuve de esta empresa de armas tenía que ver con su intento de penetrar en el mercado norteamericano con el euromortero, compitiendo nada más y nada menos que con los israelíes. Por lo que leí, a nuestro euromortero no habría carro que se le resistiera. No sé qué pasó ni con el morterazo ni con aquella Esperanza, pero tampoco viene al caso.
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Las fotos del reportaje de Josemi Arrugaeta en Berria –Habanako Plazaren Mendea- de ayer mostraban un enorme frontón destartalado que pide a gritos que los vascos nos ocupemos de contribuir a su revitalización. Me consta que el embajador mexicano Arriola lo propuso a las instituciones vascas coincidiendo con la declaración de monumento de la Humanidad de la UNESCO para una buena parte del casco antiguo de La Habana. El mexicano Salvador Arriola Barrenetxea es hijo de un pelotari de Markina al que le duele el deterioro de frontones históricos, el más importante de todos, el de los Gritos de La Habana.
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Estoy trabajando, no he tomado vacaciones, lo he tenido que explicar no sé cuantas veces, porque todo el mundo da por supuesto aquí que tienes que “irte” de vacaciones. No sé cuándo fue qué pasó -¿cuándo fue que se jodió, que diría Zavalita?-, pero recuerdo otros tiempos en que no se “salía” de vacaciones, en que se iban sólo y cerca, a La Rioja por ejemplo, los que tenían problemas de bronquios, en que se iban a la casa del pueblo, los que seguían teniendo otro pueblo y otra casa, en que se iban todo lo más a casa de familiares que vivían cerca de la playa a cambio de recibirlos luego en las fiestas de tu pueblo, por ejemplo, o cuando ellos necesitaran aprovecharse de tus ventajas ubicacionales.
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Si tienes un blog y quieres escribir hoy, te sientes obligado a referirte a la olimpiadas. Y no me apetece nada. Confieso que me gusta el fútbol bueno por televisión. Y la pelota a mano y el ciclismo en la montaña y el basket del Tau. Pero el atletismo, y el tenis, me aburren. No creo que tenga que ver con que los primeros que conocí como practicantes de la disciplina fueran (los) falangistas. Si hubieran sido universitarios de Deusto, a la inglesa, tampoco me hubieran gustado, creo. Bueno, que no quiero hablar de las Olimpiadas y que tengo que referirme a ellas, darme por enterado. Y tampoco quiero hablar de una guerra entre rusos y georgianos que conozco mal y que estalló hace unas horas.
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El anuncio de que Chávez va a nacionalizar el Banco de Venezuela me ha traído a la memoria a los Lecuna y la estrecha relación que tuvieron con lo vasco. El Banco de Venezuela fue fundado a principio del siglo pasado por esta familia, y en 1994 fue vendido por el Estado venezolano al grupo Botín, en una operación que no viene aquí a cuento. Sí recuerdo al respecto que el busturiano David Elexgarai, que trabajó muchos años con y para Vicente Lecuna hijo, hizo de intermediario en algún momento entre el Banco de Venezuela y no sé si el Bilbao o el Vizcaya.
El Lecuna más ilustre es Vicente Lecuna Salboch. Aprovecho la biografía que le hizo el catalán Manuel Pérez Vila, primero profesor y luego compañero en la Universidad Católica Andrés Bello, para decir que nació en 1870 y murió en 1954, y que fue ingeniero, banquero, educador e historiador. Restaurador, organizador y conservador del Archivo de Simón Bolívar, reconstructor de su Casa Natal y editor de la documentación del Libertador. La Asamblea de accionistas del Banco de Venezuela le eligió en febrero de 1915, presidente del mismo, cargo que ejerció, con un breve paréntesis entre 1930-1932 hasta su fallecimiento. En 1916 asistió como delegado de Venezuela a la Conferencia Panamericana celebrada en Washington. Ese mismo año recibió del gobierno la misión de dirigir la restauración de la Casa Natal del Libertador, obra que quedó concluida en 1919.
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