El discreto encanto de la mexicana familia Azurmendi
Dentro de un mes se cumplen 25 años de la muerte de Bergamín y ayer, de la de su amigo Buñuel. Decía Bergamín que cobraba derechos por una obra que nunca hizo, que cobraba derechos de autor por “El ángel exterminador”, la película de Buñuel. Al leer ahora un titular “25 años sin Buñuel” me ha tentado la curiosidad y la memoria y me he topado con esta explicación: "Durante el rodaje de ‘Viridiana’ me encontré con el escritor José Bergamín, quien me dijo que se proponía escribir una obra de teatro con el título de ‘El ángel exterminador’. Yo le dije que era un título magnífico y que si iba por la calle y lo veía anunciado, entraría a ver el espectáculo. Como Bergamín jamás escribió la obra, le escribí pidiéndole los derechos del título. Me respondió que no necesitaba pedírselos, puesto que esas palabras aparecían en el Apocalipsis".
Por esas extrañas asociaciones que a veces nos sobrevienen, del ángel exterminador me he ido al discreto encanto de la burguesía, mexicana en este caso, y a Juan Antonio Azurmendi, el responsable de que Amado Nervo escribiera un discretísimo poema a los Azurmendi, al apellido Azurmendi, de lectura perfectamente prescindible. Un día, hace unos años, me tocó intervenir en el Museo de Antropología de México. A la salida, una señora me preguntó si era familia de Juan Azurmendi. Le hice la broma de si era para pagar o para heredar. Me explicó entonces la profesora, porque de una profesora se trataba, que había una cátedra con este nombre, que Azurmendi y sus fotos eran unos documentos impagables para conocer el (discreto) encanto de la burguesía capitalina de finales del XIX y principios del siglo XX.
Resulta que nuestro adoptado ilustre antepasado, además de hombre próspero y culto, era masón y que las fotos que tomó de su mansión, en la colonia San Rafael, y más concretamente las de su jardín, muestran símbolos que lo atestiguan. Por lo visto -por lo que veo ahora, de salto en salto- la masonería tuvo en México una presencia relevante y ejemplo de ello la figura misma de Benito Juárez, por lo que estudiar la simbología plasmada en la arquitectura del siglo XIX de esta práctica es fundamental para su comprensión. Así lo explica la historiadora Patricia Massé en la ponencia titulada Cultura masónica y espacio privado. Las fotografías de Juan Antonio Azurmendi. ¡Hay que ver qué malos eran los masones para Franco y sus huestes, y qué bien vistos están en América! Por cierto, tampoco a Sabino Arana le caían bien, si a Elorza hay que hacer caso. ¡Cosas del tiempo!



El cine español murio con Luis.
Lorca, Dali y Buñuel fueron los magos del divino surrealismo que hasta el dia de hoy no han sido superados… que buena fue la edad de oro! con el perro andaluz y el ojo desbordante!… a la luz de la luna, por supuesto.
Vayalooo!