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23.01.08
Cuando Larrañaga -la L de Ulgor- se jubilaba le entrevisté para Deia. Para explicarme el ambiente laboral en el que imaginaron la gran aventura que hoy se llama Grupo Mondragon, me preguntó: “¿sabes cuánto ganaba entonces, al día, un peón?” “Catorce cincuenta (katorse sinkuenta)”, le contesté de inmediato, para sorpresa suya. “¿Pero cuántos años tienes tú?”, me dijo luego. Le tuve que explicar por qué lo sabía. Y seguimos hablando, largo y tendido, con una gran complicidad antes y después de un almuerzo que recuerdo muy grato y que pagó de su bolsillo, no del cajón de la empresa, quiero decir.

Entre las anécdotas de mi padre que recuerdo hay una a la que recurrí entonces y he recurrido en más de una ocasión, que lo aclara todo. Era muy habitual que ex pelotaris de cesta punta o ex emigrantes a América o Australia encontraran trabajo en Esperanza y Cía. -fábrica de armas, morteros, de Markina- para completar lo que habían conseguido ahorrar, para sustituir lo que no habían conseguido, para sobrevivir a una carrera deportiva corta, a una aventura emigrante poco exitosa, o simplemente porque algo había que hacer mientras se llegaba a viejo y en el tiempo al que me refiero y en Markina no había mucho que hacer fuera de entrar en Esperanza, como sabía muy bien el padre de la idea ULGOR, el cura marquinés Arizmendiarrieta, don Josemaría.

Lo contaba el ingeniero de la fábrica, creo recordar que se llama Juan José y mi padre lo recreaba con mucho regocijo. Vio el ingeniero -seguramente era el único en ese momento- a “Australia” arrastrando parsimoniosamente la carretilla y se le encaró: “Pero, Australia, qué paso es ése”. “De katorse sinkuenta”, le contestó sin inmutarse, sin alterarse, sin perder pie ni dignidad. Tal vez fuera “Australia” ligeramente cojo, porque en la escenificación de la anécdota que mi padre hacía cojeaba ligeramente. El ingeniero encajó la respuesta con deportividad y buen humor, el ingeniero -¿Elgezabal podía ser?- se encargó de difundirla, mi padre de recogerla y yo de usarla para deslumbrar a Larrañaga.

Me entero ahora por Euskalkultura.com de que un Anchía que tiene sus orígenes en Markina, que tuvo antepasados en Australia, que viene del mundo de la pelota, suena como candidato a Gobernador de Texas. El Australia del paso de 14,50 se apellidaba Antxia, tenía un hijo -Julito- pelotari de cesta punta (creo que era delantero: los bajos, los menos altos, solían ser siempre habilidosos delanteros, y los Antxia me parece que eran bajitos, lo que ya ahora casi no se da, por cierto, entre pelotaris), que muy bien podría ser el padre de nuestro proyecto de Gobernador. En todo caso, me ha servido para recordar a mi padre, a Jesús Larrañaga, a una generación y un entorno muy queridos.



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José Félix Azurmendi
José Félix Azurmendi Badiola, periodista. Director de EiTB Internacional. La vida me he dado oportunidad de ser bastantes cosas, casi todas confesables. Viví diez fructíferos años en Caracas, que es donde empecé en esto. Si me leen, sabrán en seguida de mí: soy trasparente.
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