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21.01.08

Luis Foncillas nos pregunta y se pregunta si no estaremos dedicándole demasiado tiempo a las primarias americanas. No hay nadie en el mundo al que los resultados de este proceso electoral deje indiferente, lo quiera o no, le guste o no. Pero es que los vascos tenemos intereses añadidos. El corresponsal de La Vanguardia en Washington, Eusebio Val, se fue a Nevada, tierra de caucus reciente, y se topó con el viejo hotel Santa Fe en el que te sirven, sin preguntar, un cazo de sopa de ajo, al que siguen unas alubias con chorizo, ensalada, espaguetis y entrecot de ternera con patatas, por veinte dólares. Sí, veinte dólares, que incluye vino: malo, por cierto.

Se trata de un hotelito vasco -una fonda, sería más exacto llamarlo en Euskal Herria, con habitaciones y, en algún caso, con frontón- y una reliquia de otros tiempos, de los tiempos en los que los vascos eran los pastores de California, Idaho y Nevada (ahora, son peruanos los que hacen ese trabajo, que ha cambiado mucho, por otra parte). No dice Val que en esos hoteles vascos las mesas son corridas y comunitarias, y que se resisten a cerrar, aunque su razón de ser haya cambiado. Vean la foto de uno de ellos en Reno, rodeado de grandes edificios que amenazan con devorarlo.

Los vascos, ya lo he dicho alguna otra vez, son pocos pero reconocibles y reconocidos en ese mundo de emigración multipolar que se llaman los Estados Unidos de América. Ya lo dije alguna otra vez, entre los treinta y tantos ancestros que el Censo oficial del año 2000 reconoce está el vasco, que engloba de igual manera a los continentales y a los peninsulares de ambas administraciones. En el imaginario norteamericano, lo vasco está muy unido al pastoreo, y así lo reflejan las películas, los anuncios y hasta los artículos escritos con mala uva sobre la única lengua de todos los vascos.

¿Por qué creen ustedes que intelectuales nacionalistas españoles están recogiendo firmas para que la Universidad de Stanford no permita al lehendakari Ibarretxe dictar conferencia o para que sea de acuerdo a sus condiciones? Porque saben que su mensaje caerá bien, porque es sensato y respetuoso con todos, y porque su auditorio no va a poner en duda la existencia de un pueblo y el derecho de sus ciudadanos a diseñar su futuro. Por cierto, ¡vaya intelectuales éstos, defensores de la censura, contrarios al diálogo y al contraste de ideas!

Eusebio Val habló en Elko con Anita Anakabe, que “aún se siente muy vasca, pese a haber nacido en Elko, hace 53 años, y ser la esposa del alcalde”. ¿Dónde está la contradicción? William Douglass, fundador del Centro de Estudios Vascos de Reno, da la clave de por qué los vascos conserven más su identidad que otros grupos étnicos: “proceden de una nación sin Estado”, “su supervivencia como pueblo no es algo obvio”. Pues eso, eso es lo que Ibarretxe va a explicar en tierra sin prejuicios, eso es lo que esos españolistas quieren evitar. Otro vasco ilustre, Pete Cenarruza, dijo hace unos años que en los medios de comunicación Chillida, Indurain y Olazabal son españoles, pero el terrorismo es vasco. También esto le tocará explicar a Ibarretxe.

Pregunta Luis Foncillas si no estaremos exagerando con el seguimiento de las primarias de los Estados Unidos. Nos interesan por ciudadanos de un mundo en el que nada de ese imperio le es ajeno, y nos interesan especialmente por vascos cuya supervivencia como pueblo no es algo obvio. Los vascos son pocos allí, pero reconocibles y reconocidos. Cuando un vasco era asesor de Reagan, el lehendakari Ardanza montó en un caballo presidencial en los mismos días en que el candidato Aznar tenía que conformarse con ser recibido por representantes de a pie. Ya se sabe, los pequeños tienen que espabilar, y como dijo Durán, el presidente más mediático que ha tenido la ONCE, “la autodeterminación, para quien la trabaje”.

 




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José Félix Azurmendi
José Félix Azurmendi Badiola, periodista. Director de EiTB Internacional. La vida me he dado oportunidad de ser bastantes cosas, casi todas confesables. Viví diez fructíferos años en Caracas, que es donde empecé en esto. Si me leen, sabrán en seguida de mí: soy trasparente.
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