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14.08.07

Xirinacs eligió cómo, dónde y por qué acabar su vida. Sólo, en libertad y a contracorriente. Como siempre. La gente más joven no tiene por qué saber quién fue y cómo vivió, porque su protagonismo mediático, que fue enorme en un tiempo, en tiempos que se llaman de transición, se apagó ya hace muchos años y sólo reapareció para provocar de nuevo resituando a ETA desde una perspectiva que más tenía que ver con lo que hubiera tenido que ser que con lo que era, que tenía más que ver con otros tiempos y otras propósitos. Quienes ahora parecen recordar sólo esta última aparición son unos desmemoriados, unos ignorantes o unos indeseables.

Entre las reacciones a su muerte publicadas la más acertada ha sido a mi juicio la de Jordi Pujol, cuando le retrataba como un profeta bíblico que fustiga los errores de la gente de su pueblo, que le enseña el camino y le alerta de sus desviaciones. Que fustiga a los líderes que adormecen, masifican y equivocan al pueblo. Los profetas son iluminados, extemporáneos, nada razonables, provocadores, intransigentes. Irrecuperables, rompepelotas.

Este tiempo tan exaltador de lo razonable, moderado, posibilista, equilibrado, conformista, ignora a los profetas como Xirinacs, se hace como que no están ni se les ve ni se les siente, que es la manera más cruel de perseguirlos. No parece aventurado pensar que Lluis Maria Xirinacs i Damians eligió morir de una manera insilenciable, con un gesto que es también un corte de mangas -conmigo no contéis para esta farsa, a mí no me recuperáis, ahí os quedáis con vuestra transición, con vuestras transversalidades, con vuestros estatutillos, con vuestras componendas, con vuestro aburguesamiento pequeño- y un último testimonio.

Pertenecía a otro tiempo, a otra lógica de la dignidad. Se hizo en tiempos de compromiso, entrega, generosidades desmedidas, ideas, si lo eran, extemporáneas, absurdas, incomprensibles hoy. Para un hombre total como Xirinacs la realidad y el realismo le tenían que resultar intolerables, insoportables. Fue un icono independiente e independentista, un activista de la paz y de todos los derechos humanos, un acompañante de los que más sufrían, un adelantado, un precursor, un símbolo definitivamente a resguardo de lisonjas y homenajes.



Comentarios:

1. A Josè Fèlix Azurmendi: Sin temor a equivocarme, uno de los mejores escritos de tu autoria. Felicitaciones,Josè Fèlix y no hay ni una pizca de demagogia en mi opinión
Publicado por: Mikel Ezkerro - 14.08.07 11:31:51


2. resulta curioso que gente como Pujol hable de Xirinacs con respeto y admiración cuando en el roce político diario adjuraban de todo lo que hacía y decía porque les dejaba con el culo (de sus intereses) al aire;
queda como políticamente correcto hablar bien de los muertos, pero me parece un ejercicio de hipocresía supino. Xirinacs representaba toda la dignidad que los políticos profesionales han tirado a la basura para presentarse conmo aceptables ante los que verdaderamente mandan en el estado
Xirinac tenía muchos pecados y no era el menor el que se ufanaba de ser amigo de vascos "impresentables"
El hacía apología de la resistencia pasiva, siempre que fuera resistencia y no mero testimonialismo
Su falta de egoísmo le hacía aún más grande y respetable de lo que por sí era. Otro gallo cantaría si su idea de hacer política fuera l de servir y no servirse. Y su inquebrantable denuncia de falta de libertad, individual y colectiva.
Xiri no sólo era inimitable; también será casi imposible de sustituir
Publicado por: eduardo - 14.08.07 18:01:10


3. Tienes razón cuando dices que éste es un tiempo de conformismos, apaciguamientos, resignaciones...
¡Que lejos quedan los tiempos en que había más de un "Xirinacs" por la vida, aunque éste era ünico.
Ya no hace falta dictadura, nos la hacemos nosotros mismos, ya no hay rebeldía ni juventud rompedora...
Una pena....
Publicado por: Josu - 15.08.07 16:46:06


4. Acabo de leer, amigo José Félix, tu comentario en Izaronews y no he podido menos que escribir para decirte que me ha emocionado -ya sabes, los viejos somos dados a la nostalgia- más que lo que me sorprendió, agradeblemente, oir su comentario a Pujol. Con mayor motivo cuando ayer leía lo dicho por el "tirau pa'lante" que manda en Bilbao con sus esencialismos descalificadores de "bienpagau".
A ver cuándo volvemos a vernos, como en al caserío de Iñaki y María en Zamudio.
Besarkada bat.
Publicado por: Patxi X. Bengoetxea - 16.08.07 17:52:21


5. José Felix: me ha gustado mucho su artículo. Pero coincidirá conmigo en que declararse correligionario de ETA empañó en gran medida la trayectoria intachable de este hombre. Nadie dice que sea fácil adoptar posicionamientos y actitudes como la de Mohandas Ghandi: me refiero, cómo no, a la resistencia pasiva típica de la no violencia que llevó a cabo el líder sudafricano. Creo que ésta sería la actitud óptima ante la violencia institucional de España contra los movimientos vasquista y catalanista. Digo esto porque creo recordar que Xirinacs justificó la violencia como algo inevitable cuando en un conflicto político se da una grave desigualdad entre las fuerzas contendientes. Por favor, corríjanme si me equivoco. Eskerrik asko.
Publicado por: Raúl Arkaia - 16.08.07 19:58:16


6. No creo que Xirinacs justificara la violencia como algo inevitable, ni siquiera "cuando en un conflicto político se da una grave desigualdad entre las fuerzas contendientes". Desde luego no la practicó. Seguramente, usted está planteando la licitud de la violencia de respuesta. O la conveniencia. O la oportunidad.Para saber más de lo que fue Xirinacs, ayuda ver quiénes le acompañaron en el funeral. Y quiénes no.
Publicado por: jfa - 17.08.07 17:15:45

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José Félix Azurmendi
José Félix Azurmendi Badiola, periodista. Director de EiTB Internacional. La vida me he dado oportunidad de ser bastantes cosas, casi todas confesables. Viví diez fructíferos años en Caracas, que es donde empecé en esto. Si me leen, sabrán en seguida de mí: soy trasparente.
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