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20.08.07

El mar seguía bravo ayer domingo frente a las costas de Bahoruco, a 180 kilómetros al oeste de Santo Domingo, pero menos que un día antes. El amanecer llegó tras una noche de fuertes vientos y altas olas en la Península de Barahona, al suroeste de la República Dominicana. Era el lugar dominicano donde más temor se le tenía al huracán Dean. Pero su característica de “ciclón seco”, es decir, con poca lluvia, y a pesar de sus vientos, de entre 80 y 240 kilómetros por hora en un radio de 335 kilómetros desde su ojo –menos fuerza cuanto más lejos de él-, ha convertido la amenaza de grandes daños en poco más que una peligrosa anécdota.  

Los moradores del barrio La Ciénaga han vuelto para ver qué quedado de sus casitas, levantadas a orillas de la playa, tras pasar la noche refugiados en casas de familiares o en el refugio habilitado en la escuela pública del municipio. Hace calor. El viento todavía sacude con moderada fuerza. Llueve a ratos y el salitre humedece el ambiente.      

Un árbol impactó con esta casa de madera en la orilla de la playa.

Giovanni se apoya sobre un árbol, al lado del camino. Llega un camión del Ejército Nacional cargado de soldados. Un oficial, desde su puesto de copiloto, le dice que él y sus vecinos tienen que abandonar la zona, que todavía no es segura. Los militares se van. Giovanni y los demás dueños de casuchas derruidas se quedan. “El gobierno nos tiene que hacer un barrio para salir de aquí. El mar se traga nuestras casitas”. Usa el vocablo “disparatado” para describir lo que ven sus ojos. “Uno vive aquí porque no tiene dónde. Ahora habrá que refugiarse arriba, donde la familia”.

Unos metros más adelante, dos vecinos teorizan. “Si el huracán hubiera entrado, se lleva todo”. Es William Félix, ex alcalde de la comunidad. “Lo hubiera destruido en su totalidad. Suerte que la brisa peleó con el mar y le hizo contracorriente”, dice. Sus conclusiones no son las de Meteorología, ni tiene acceso a ver las imágenes de satélite por Internet, pero habla con la seguridad propia de un experto en ciclones, sin serlo. Detrás de él, Claudia Gómez, a sus 76 años, en chancletas y con un pañuelo en la cabeza, se lamenta. “Esto es un dolor del alma. No pensaba que podía llegar un ciclón”. Termina y se concentra en buscar 80 pesos, unos dos euros, como si su vida dependiera de ello. Y es que para alguien humilde, esa cantidad puede suponer el pan sobre la mesa durante varios días en un país en el que el salario mínimo público ronda los 160 euros al mes.

Varios hombres retiran escombros y arena de la calle con palas. La cargan en un camión. Son voluntarios que el sábado estaban pendientes del paso de Dean por Barahona y que, una vez el ojo del ciclón siguió hacia Jamaica, dejando a sus vientos y lluvias de cola en territorio dominicano, se han hecho a las calles y caminos para trabajar en busca de la normalidad.

Otro que recoge escombros es Rubén Gómez, un anciano que vivía a casi medio kilómetro de la casa de Claudia en dirección este. También se metió el mar el sábado y en la madrugada del domingo. Un árbol ayudó a la marejada e impactó en la “fachada” de la casucha de madera que ha quedado inclinada y semiderruida. “Si no hubiera venido la Defensa Civil, el mar nos hubiera llevado a todos”, dice el viejito. “Mira muchacho, quita de ahí y ponte a recoger”, le reclama a un niño que, inmediatamente, se agacha y toma en sus manos lo que queda de una rueda de bicicleta. Otro pasa a su lado arrastrando, con una cuerda, un coche cuya “carrocería” es un bote de aceite de motor se vehículos sujetado con cuatro minirruedas de plástico.

Las nubes penetran en la sierra y ocultan su verdor. En la falda se aprecia una niebla que contrasta con la claridad que se percibe en el horizonte marítimo. A unos 15 kilómetros al este de Bahoruco, en Barahona, municipio principal de la provincia del mismo nombre, en el Comité de Operaciones de Emergencia, Wilton Mercedes, responsable de información, dice que 1.486 personas pasaron la noche en refugios. Fueron habilitados para atender a los necesitados durante el paso de Dean.

Augusto Moreta Peña, superior de Mercedes, responde a una pregunta sobre la peligrosidad que pueden tener las lluvias que caen en la sierra. “Esa zona estaba seca y sus suelos pueden absorber lo que caiga. Los ríos están en niveles normales”. A su lado, el gobernador provincial, Carlos Florián, introduce el matiz político. “Estamos aquí por instrucción del señor Presidente. Vamos a hacer un levantamiento de daños y de necesidades de alimentos, agua y medicinas, para proceder al auxilio de los más necesitados”. Florián se felicita porque no ha habido muertos ni heridos. “La gente ha tenido conciencia para acatar las órdenes de las Fuerzas Armadas y Policía para abandonar los lugares vulnerables”. Pero también reconoce que Dean no ha afectado a la República Dominicana como se esperaba.

Al final, Daniel Setil, un adolescente de 16 años de origen haitiano tragado por el mar (ver vídeo 2) en la Autopista Las Américas, que comunica Santo Domingo, capital dominicana, con el principal aeropuerto del país, es la única muerte causada en esta tierra por el primer ciclón de la temporada 2007. Decenas de heridos leves, no más de 5.000 refugiados, alrededor de 350 viviendas con daños de diferente consideración, uno que otro puente caído y varias toneladas de escombros en calles y carreteras completarán el informe oficial de daños.

 




Comentarios:

1. Desde Almendralejo,España,invito a Vds. a visitar mi 2º BLOG, su dirección es:
gomato.blogspot.com
Gracias.-
Publicado por: Isidro Rodriguez Gomato - 03.09.07 20:26:05


2. que esto asido muy duro para nuestro pais

Publicado por: yasmel - 14.11.07 20:42:51

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Iban Campo Urriza
Soy periodista. Donostiarra de pura cepa, de los de sociedad gastronómica, amante de las traineras de La Concha, tamborrero el 20 de enero y accionista de la Real. Desde hace ya 12 años, caribeño de adopción. Llegué a la República Dominicana en febrero de 1995 con la idea de pasar un año trabajando en un periódico y ya ven... Me cambió la vida.
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