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Por Rogelio Fernández Ortea:
Llevamos tiempo pensando es escribir sobre las emociones y los sentimientos y éste es un buen momento para hacerlo, sobre todo teniendo como referencia el libro de Antonio Damasio En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y de los sentimientos. Libro que, por otra parte, abre toda una serie de post sobre estos temas: las emociones y los sentimientos... pero estos conceptos ¿son lo mismo?, ¿en qué se diferencian?, ¿cuál constituye la base de la inteligencia denominada emocional?, ¿qué se produce antes, la emoción o el sentimiento?, ¿se puede dar el uno sin el otro?... Como ven, son muchas de las preguntas que espero puedan ir contestando con la lectura de los post de este blog pero sobre todo con la lectura del citado libro de Damasio.
Empezaremos exponiendo una idea de Damasio que me pare muy ilustrativa: las emociones se representan en el teatro del cuerpo mientras que los sentimientos se representan en el teatro de la mente. Las emociones son físicas y los sentimientos son mentales. Las emociones son públicas y los sentimientos son privados. Puede darse el caso de no poder expresar un sentimiento pero sentir la emoción que subyace a él, lo que nos lleva a decir, coincidiendo con la opinión de Antonio Damasio, que las emociones preceden a los sentimientos y que son, generalmente, pero no necesariamente la base de los mismos.
El otro día asistí a una auténtica lección de Inteligencia Emocional en el sector servicios... les cuento.Un amigo mío había tenido un problema con su proveedor de telefonía móvil. Le habían quitado un número de teléfono que tenía reservado, y pagado, desde hace años, para cuando se trasladaba a su país. Se encontraba muy molesto debido al trastorno que esto le estaba causando y después de varias gestiones telefónicas tuvo que ir a la central de la compañía en cuestión para solucionar el inconveniente.
Después de haber pasado por el despacho del supervisor y haber aclarado el motivo del problema, dicho directivo nos remitió hacia un departamento donde terminarían de arreglar la cuestión del teléfono, mejor dicho, del nuevo número de teléfono y el nuevo sistema de contrato. Mi amigo, que sin estar de mal genio sí que tenía ganas todavía de montar un poco de bulla, y después de saludar, comenzó a “acosar” suavemente a la persona que le atendía... y aquí es donde comenzó la clase de Inteligencia Emocional.
En seguida de acogernos con una sonrisa maravillosa, tratándonos de usted y viendo lo que se le venía encima comenzó a capear el “temporal”. Parapetada detrás de su sonrisa -que tengo que decir era una auténtica sonrisa “Duchenne”- empleó su empatía para darse cuenta que los envites de mi amigo no provenían de la ira, sino que tenían un componente menos agresivo, más bromista y vacilón. Con esa compresión empática, buscó enseguida la complicidad del convidado de piedra que asistía a la transacción, es decir, yo, que asistía atónito y complacido a la puesta en practica de la Inteligencia Emocional en la atención al cliente... se dirigía a mi con guiños de complicidad, me mostraba sus sorpresa cuando mi compadre decía que iba a cambiar de compañía, buscaba mi apoyo cuando los comentarios se acercaban más al plano personal... y todo sin perder su maravillosa sonrisa ni dar muestras de enfado ni de ninguna emocionalidad negativa.

Por Rogelio Fernández Ortea :
En muchas ocasiones hemos hablado de la influencia de la cultura en el tratamiento de la Inteligencia Emocional, pero mucho más interesante que hablar de ello considero que es experimentarlo y me gustaría presentar algunas situaciones que he vivido en estos días y que pueden ilustrar este asunto.
En las últimas semanas he estado de viaje por Latinoamérica con unos buenos amigos. Estas personas, que probablemente tengan el tratamiento de inmigrantes en mi país, me invitaron amablemente y con gran generosidad a pasar un mes con ellos en su tierra, con lo que me convertí en una especie de inmigrante en el suyo, lo que me ha permitido explorar lo que ellos pudieron sentir cuando llegaron al País Vasco pero con una gran diferencia: las características culturales de ambas regiones.
Tengo que decirles, que antes de salir de viaje me sentía inquieto. Yo de naturaleza tímida, sabía que iba a tener que interactuar con muchas personas: con la familia de mis amigos la cual me acogía como invitado, con los amigos de mis amigos, y con el resto de personas con las que inevitablemente me iba a cruzar. Por supuesto, mi voluntad era la de caer simpático, de ser amable, de producir, en definitiva, una emocionalidad positiva en la relación partiendo de mi autoconocimiento, mi autorregulación y teniendo en cuenta la empatía y las habilidades sociales, pero... ¿cómo hacerlo?
Por Rogelio Fernández Ortea:
Dentro de esta serie de post destinados a entender algo de nuestro cerebro emocional continuamos para presentar el proceso que Goleman llama “secuestro emocional”.
Este “tipo” de secuestro se da cuando la amígdala coge la iniciativa de la respuesta cerebral ante el estímulo. En el caso de emociones fuertes y debido a la conexión existente entre tálamo y amígdala, ésta puede utilizar todos los recursos del cerebro para emitir una respuesta urgente, incluso antes de tener conciencia de lo que está haciendo. Esto explicaría la actuación de algunas personas al cometer crímenes en estados de fuerte desequilibrio emocional (caso de Richard Robles en Goleman 1996, 35).
La posibilidad de que ocurra este arrebato emocional se debe principalmente por la intensidad de la emoción. Y esta intensidad viene dada por la impronta que dejan los neuroquímicos (componentes químicos que se encargan de algunas de las actividades cerebrales) y que quedan almacenadas en la amígdala como uno de los órganos encargados de la memoria. Además, cuanto mas intensa sea la activación de la amígdala más fuerte será la impronta que los neuroquímicos dejarán en ella. Por eso recordamos vívidamente algunos hechos de nuestra vida o tenemos la percepción de que alguien nos gusta o no en la primera percepción.
Partiendo del último post que publicamos, queremos en estas líneas explicar el funcionamiento del cerebro emocional. Para ello, y como en el anterior, nos basaremos en Daniel Goleman para explicar, de forma general, el mecanismo de algunas emociones. Como dijimos anteriormente, Goleman no es neurocientífico pero le seguimos ya que en sus libros cita y recopila de forma detallada y metódica los descubrimientos científicos del ámbito de las neurociencias.
Para explicar el funcionamiento del cerebro emocional debemos comenzar diciendo que todo comienza con un estímulo sensorial relevante que entra por alguno de los órganos sensoriales y llega hasta el tálamo donde es reconvertido en estímulos cerebrales, un estímulo que ya es entendido por las células y jugos neuronales que forman el cerebro. Después del tálamo la mayor parte del estímulo pasa a la zona del neocórtex especializada en la evaluación de la información (córtex visual en el caso de un estímulo proveniente del ojo) y en diseñar y emitir una respuesta, mandando las órdenes necesarias a los órganos necesarios. En el caso que la información requiera una respuesta emocional, el neocórtex enviará la señal a la amígdala que dará las órdenes necesarias para dar la respuesta emocional oportuna. En esa respuesta intervendrán el hipotálamo, los nervios, el sistema motriz, el sistema hormonal y péptido provocando reacciones en diferentes partes del cuerpo como puede ser la secreción de hormonas o el movimiento de una mano.
Por Rogelio Fernández:
En este post, que pretende acercarnos al funcionamiento de las emociones en el cerebro seguiremos a Daniel Goleman que, aunque no es un investigador propiamente, dicho sí que ha sido un buen compilador de las investigaciones que se han desarrollado en el ámbito de las neurociencias, y seguiremos también a Märtin y Boeck. Así mismo, nos referiremos principalmente a las investigaciones de Josep Ledoux, neurocientífico del Center for Neural Science de la Universidad de Nueva York. Este investigador ha desarrollado la cartografía del cerebro y ha realizado varias investigaciones sobre el funcionamiento del sistema emocional y en particular el funcionamiento e importancia de la amígdala en el miedo.
Para explicar el funcionamiento de las emociones queremos recordar, aunque parezca de Perogrullo, que el hombre pertenece a la categoría de los mamíferos y de especie Homo sapiens sapiens ya que la evolución de nuestro cerebro tiene que ver con la evolución de nuestra especie a través de los años. Tanto es así que, como ya hemos indicado, Darwin se interesó por ellas, por las emociones, para estudiar los procesos evolutivos (Darwin, 1982).
Nuestro cerebro pesa aproximadamente algo más de un kilogramo y tiene un tamaño tres veces superior al de los primates y está compuesto por células y jugos neurales. Está estructurado en tres zonas o sistemas neuronales dispuestos uno encima del otro y unidos por multitud de conexiones nerviosas, lo que hace que interactúen entre ellos para procesos tales como la toma de decisiones. Estas zonas del cerebro son las denominadas bulbo raquídeo, sistema límbico y el neocórtex o corteza cerebral.
El tallo encefálico es el primero y el más “antiguo” de todos ellos. Se formó como un desarrollo de la médula espinal y rige las funciones vitales inconscientes para la supervivencia como la respiración o el metabolismo. También rige los impulsos , los instintos y los reflejos. Este tipo de cerebro es el que tienen los reptiles, pájaros o peces, en definitiva, los no mamíferos. Como nos indica Joseph LeDoux (citado en Goleman, 1996, p. 49): El rudimentario cerebro de los mamíferos es el principal cerebro de los no mamíferos, un cerebro que permite una respuesta emocional muy veloz. Pero a la vez que veloz, se trata también de una respuesta muy tosca [...]. A partir del tallo encefálico se formaron con el transcurso millones de años el cerebro emocional y el cerebro pensante o racional.

Por Arantza Echaniz Barrondo.
Dice el refrán que “es de bien nacidos ser agradecidos”. Cuando todavía corren por mi ser las lágrimas por el amigo, ‘padre’, mentor... que se ha ido, emocionalmente siento la necesidad de compartir todo lo que de él he recibido y aprendido.
Conocí a Dionisio cuando estaba en el último año de carrera porque me dio clase de Ética empresarial (estudié empresariales en la ESTE, Universidad de Deusto, San Sebastián). Desde entonces surgió una amistad que ha ido creciendo y consolidándose con los años y la vida compartida. Gracias a Dionisio descubrí y comencé el camino que me ha conducido a donde hoy estoy. Él me "inoculó"el virus de la ética y el liderazgo, dos de los temas que le apasionaban y que yo he hecho míos.
Con su ejemplo he aprendido en primera persona la fuerza del Efecto Pigmalión, profecías que se autocumplen, y que es un pilar fundamental del liderazgo. Las personas reaccionamos según cómo los demás nos tratan y según lo que esperan de nosotros. Y funciona tanto en positivo como en negativo. Si recibimos mensajes de aliento: “Tú puedes con eso”, “Espero mucho de ti”... hacemos todo lo posible para no defraudar dichas expectativas e incluso superarlas. Pero eso también ocurre en sentido contrario. Si los mensajes que recibimos son del tipo: “Eres un desastre”, “No vas a llegar a ningún sitio”, “Qué calamidad” también, normalmente, actuamos de manera que el otro vea cumplidas sus expectativas (aunque también hay casos en los que mensajes de ese tipo sirven de revulsivo para sacar lo mejor de uno). Somos muchas las personas que hemos encontrado en Dionisio a nuestro mentor, a quienes nos ha dado una oportunidad, con quienes ha compartido su conocimiento, a quienes nos ha acompañado en el inicio de nuestra vida profesional y que hemos recibido de él esos mensajes que nos han hecho dar lo mejor de nosotras mismas. Hay un lema de Virgilio que hemos utilizado en más de una ocasión y que encarna lo que el efecto Pigmalión representa: “Possunt quia posse videntur” (Pueden porque creen que pueden). Dionisio nos ha hecho confiar en que podemos.

Por José Antonio González:
Hasta no hace mucho las empresas pensaban que lo único importante y que valoraban los trabajadores era su salario económico. Sin embargo existe otro salario, del cual se ha hablado poco y dado poca importancia y es a lo que denominamos “salario emocional”.
Más o menos viene a expresar el grado de gratitud y satisfacción que cada persona siente y percibe que le aporta su empresa. Cuando las personas no perciben o reciben un salario emocional escaso, por muy bueno que sea el económico, se sienten como un número más en la empresa y tienden a esforzarse lo justo, a no participar, implicarse y aportar lo mejor de ellos/as mismos/as. Permanecen en la empresa por obligación o porque no tienen otra oportunidad, pero no por lealtad. Que las empresas desarrollen actitudes de gratitud hacia sus personas es altamente rentable en términos económicos y emocionales. Son muchos los momentos, en el día a día de la empresa, donde se puede expresar nuestra gratitud, contribuyendo al bienestar de las personas que influye en el nivel de esfuerzo.
Existe una frase que es importante que esté presente en cada empresa: “antes dar que recibir”. La mayoría de las veces cosechamos lo que sembramos y a veces las actitudes se pueden cambiar, mejorar: Por parte de la empresa hacia los/as trabajadores/as. Y después de los/as trabajadores/as hacia la empresa.
Rogelio Fernández Ortea. La creatividad es novedad.
La creatividad es una asociación nueva de conocimientos ya existentes, de nuevas combinaciones de ese conocimiento, por lo que no es de extrañar que las emociones positivas faciliten ese proceso, que estimulen la creación.
Las emociones positivas estimulan la creatividad, elevan el humor y consiguen que las personas presten atención a otras cosas, a más cosas, lo que aumenta la posibilidad de relacionar y asociar elementos diferentes. A su vez, las personas creativas suelen ser más emocionales y existen estudios que apuntan a que cuanto mayor es el humor de una persona en el trabajo mayor es su creatividad en el mismo.
Otras investigaciones apuntan que una parte del proceso creativo se produce días antes por incubación, es decir, por una combinación inconsciente de conocimiento que ya está en la mente y ,que al ser estimulados, dan lugar a nuevas ideas. Es sabido por los que se dedican estudiar los procesos de aprendizaje que en momentos de reposo, e incluso durante el sueño, la información se procesa y reelabora haciéndola más consciente y mejor organizada.

Imáginese el lector como propietario de una gran empresa, seguramente bajo la influencia de la razón elevada, es decir, de la concepción del sentido común, opinará que la lógica formal le ofrecerá la mejor solución posible ante cualquier problema que pueda ocurrir.
Ante esta perspectiva, es decir bajo el influjo de la concepción racionalista, se sostiene que para obtener los mejores resultados deben dejarse fuera las emociones. En otras palabras, el procedimiento racional debe desembarazarse de la pasión.
El proceso de la razón elevada, se lleva a cabo mediante la separación de los distinos supuestos para la toma de decisión, efectuando un análisis de coste/ beneficio de cada uno de los mismos. Por ejemplo, usted como propietario de una gran empresa, considera las consecuencias de cada opción en diferentes puntos del futuro previsto y sopesa las pérdidas y las ganancias que las mismas puedan acarrear.
Sentimientos "versus" Emociones - Dagoberto Trujillo Montilla - 2008-09-05 17:13:11
LA COMUNICACIÓN FAMILIAR. Consecuencias en la adolescencia. - enrike - 2008-09-05 05:35:15
!Yo lo digo todo a la cara! - Hector - 2008-09-05 05:15:07
LA COMUNICACIÓN FAMILIAR. Consecuencias en la adolescencia. - eugenio glez. - 2008-09-05 01:27:13
LA COMUNICACIÓN FAMILIAR. Consecuencias en la adolescencia. (46)
Definiciones de Inteligencia Emocional (33)
EDUCACION EMOCIONAL, ¿POR QUÉ? (29)
Emoción vs. Sentimiento (18)
¿ANALFABETISMO EMOCIONAL? (17)
LA GESTIÓN EMOCIONAL. La frustración en la infancia (17)
IE y empresa (17)
LA RUEDA DE LA AGRESIÓN. Emociones que interfieren. (17)
Maltrato Emocional (16)
Agosto 2008 (4)
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