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Por Olatz Elizondo Cuñado.
Como ya comenté en un plog anterior, estoy teniendo la vivencia de experimentar el proceso de crecimiento de un bebé en mi interior. Todo este proceso me ha suscitado muchas reflexiones sobre distintos temas como la educación familiar, las influencias, el ambiente etc. Pero hoy os quiero hablar sobre una reflexión que estoy teniendo que comenzó con el conocimiento de cómo vamos realizándonos.
He sabido que el corazón se hace grande muy pronto con relación al resto del cuerpo y que late casi dos veces más deprisa que el de la madre. Esto me hizo pensar que, si la naturaleza decide comenzar el crecimiento de una persona por el corazón, debe ser porque es algo muy importante para la vida, pero no sólo para el correcto funcionamiento fisiológico sino también para caminar por la vida.
Yo creo que el corazón y el cerebro interaccionan, y se ayudan mutuamente para tomar decisiones durante toda nuestra vida. Cooperan para orientarnos en la creación de ideas y teorías, en la realización de razonamientos, y también cuando abrazamos, amamos, lloramos, caminamos…

En la actualidad existe una cierta confusión entre los conceptos de inteligencia emocional, competencia emocional y educación emocional. Por ello, mediante este post vamos a intentar dilucidar la diferencia entre los mismos.
La inteligencia emocional es un constructo, hipotético, que pertenece al campo de la Psicología, creado por Salovey y Mayer en 1990, y que Goleman en 1995 puso en órbita social, mediante el best seller “Inteligencia emocional”. Otros autores como Bar-on o Parker continuan a su vez hoy en día investigando este constructo.
También es innegable que otros autores como Saarni o Davies, entre otros han cuestionado la existencia de la inteligencia emocional. Este debate creemos que debe corresponder al campo de la psicología.
En lo que los autores muestran su conformidad, es en la necesidad de adquirir competencias emocionales. La competencia emocional es definida como el conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes relacionadas con las vivencias emocionales, necesarias para realizar actividades diversas con un cierto nivel de calidad y eficacia.
Por Olatz Elizondo Cuñado.
Vuelvo a este foro después de un tiempito sin publicar ningún post ya que mi organismo está trabajando en un proceso de gestación y me ha requerido mayor atención a necesidades fisiológicas que a las intelectuales. Pero el mar ha vuelto a la calma y vuelve a ser un oleaje ecuánime entre cuerpo y mente.
Este maremoto ha sido una experiencia interesante donde he podido aprender más sobre mis emociones en pruebas que nunca antes había tenido que lidiar.
Me habían contado que en un embarazo la mujer vive diversos cambios físicos, de humor… Y realmente he vivido muchas alteraciones tanto físicas como emocionales, y con una gran sonrisa recuerdo, que a veces parecía que era otra mujer la que estaba conmigo en ciertos momentos, actitudes, respuestas… y aunque ahora me ría recordando ciertos acontecimientos en esos momentos me encontré sorprendida, sin poder controlar mi “yo” como antes lo hacia…
Anteriormente he comentado que ha sido una experiencia interesante, y supongo que seguirá siendo ya que todavía me quedan unos meses de embarazo, donde he aplicado todo lo que sé sobre inteligencia emocional y he querido ser muy consciente de la aplicación de las competencias emocionales en esta vivencia personal.
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Por Carmen Farto:
La comunicación efectiva y afectiva de las emociones es un factor esencial en el desarrollo de la inteligencia emocional. En esta comunicación interviene no sólo el conocimiento de aspectos importantes del discurso (selección, valoración, exposición de ideas o sentimientos) si no todo el lenguaje no verbal que ayuda a que la persona que tenemos en frente nos comunique lo que siente y lo que piensa. Por ello uno de los elementos claves en la comunicación es la escucha activa. Hacer que la persona que te habla se sienta segura, crear un ambiente de confianza y libertad que la ayude a sentirse libre para hablar. Escuchar activamente es ir más allá de las palabras, significa descubrir sus sentimientos, sus emociones.
Pensaba estos días de final del curso escolar, en como sus protagonistas, alumnos, profesores y padres, pasan por momentos intensos a nivel emocional, en muchas ocasiones difíciles de manejar y veo la gran importancia que tiene la comunicación de las emociones.
Me contaban su experiencia una madre y un profesor de instituto.
La madre de una alumna de 15 años recibía en estos días la llamada de la profesora para que su hija fuera a ver el examen final que había suspendido.

Por Rosalia Peña Sarmiento
Hace unos días una madre me contaba su preocupación porque su hijo de tres años era muy tranquilo y en la guardería muchas veces era “ blanco” de los demás niños, entre mordiscos, empujones... Y decía que se sentía impotente ante el hecho, y hasta me confesaba que miraba con no muy buenos ojos a esos niños y a veces hasta sus familiares.
No cabe dudas de que el cordón umbilical que nos une a nuestros hijos es tan fuerte que a veces obnubila nuestra percepción y no nos deja apreciar los hechos en varias dimensiones. Cuando se trata de niños tan pequeños que aún no tienen conciencia de sus actos ( su cerebro siquiera está desarrollado plenamente), la mayoría de sus reacciones y conductas externas son una manera de explorar el mundo que les rodea de conocer los límites de las cosas, de adaptarse al entorno.
Por otra parte, estas situaciones son oportunidades para conocer mejor a nuestros hijos, explorar sus recursos que todos lo poseen, ayudarlos a conocerse a sí mismos, y sobre todo a través del juego ofrecerle estrategias para afrontar la vida con sus semejantes.

“Tenemos que desarrollar una voluntad personal que nos permita expresar a los(as) demás nuestro agradecimiento”
Por José Antonio González:
Siguiendo con el tema de la gratitud... Hay personas que manifiestan una constante actitud de agradecimiento. Convierten los problemas y dificultades en ventajas y oportunidades. Conciben la vida como un constante aprendizaje. Han desarrollado una nueva conciencia de lo frágil y corta que es la vida, y por eso la viven con intensidad, con gratitud, la disfrutan y hacen que otros(as) también la disfruten.
Viven cada día como una gran oportunidad, convierten cada día en una nueva aventura, la más agradable y dichosa dentro de lo posible.
Estas personas expresan su agradecimiento a los(as) de su entorno por todo aquello que les van aportando. La gratitud nos ayuda a ser más felices y nos permite ayudar a los(as) demás a ser algo más felices.
Cada noche, cuando se van a dormir, suelen recordar a aquellas personas que han sido generosas con ellas y viceversa.

Por Ígor Fernández
¡Ah, cómo añoro mi infancia! Aquellos días en los que la mayor responsabilidad era colorear el dibujo de un payaso sin salirse de la raya, en los que el verano era casi una década de crema en la nariz y rasponazos en la rodilla, y el girar del mundo no era ni de lejos tan importante como el de un balón. Todo se resumía en hacer “como que yo era...”, en decir “sí” o “no” cuando así nos salía y en saber muy bien por qué... Pregunte el lector a cualquiera, que la infancia ha sido siempre descrita como un periodo de extrema felicidad en el que, por definición, el cuidado del niño o la niña es la tónica, en pos del crecimiento personal.
Sin embargo, si nos despojamos por un momento del romanticismo literario de peluche, y la sensación pegajosa de helado en los dedos, la infancia se convierte en otra cosa. Como en todo proceso de socialización (piensen en las veces que han tenido que sumarse a un grupo nuevo con una cultura distinta, como la familia de la pareja, por ejemplo) el individuo se ve forzado a adquirir las conductas y normas de ese grupo, para lo cual debe, por norma general, privarse de saciar ciertos impulsos. Sé que lo que sugiero no es políticamente correcto, pero a veces una visión diferente nos plantea reflexiones interesantes. Si prestamos atención, en el proceso ontogenético de crecimiento de un niño, nos encontramos una sarta de estrategias, desarrolladas por el niño para acceder a lo que necesita. Por ejemplo, la sonrisa de un niño ante la carantoña de un adulto tiene como función crear el vínculo que va asegurar la provisión de comida y cobijo, del mismo modo que el “portarse bien” de los adultos, no es otra cosa que el premio ante la inhibición de la espontaneidad. Sé que suena frío y un tanto demagógico, pero los niños en todas las partes del mundo han de renunciar a parte de sí mismos para obtener del grupo lo que va a asegurar su supervivencia.

Por Rosalia Peña Sarmiento:
La alimentación de los hijos es un tema que a la mayoría de los padres le preocupa y ocupa. Unas veces porque- desafortunadamente no se tienen recursos suficientes; otras teniendo aún una gama de posibilidades, y siendo la elección y responsabilidad en sí misma una oportunidad de aprendizaje y disfrute para toda la familia, por diferentes causas, puede convertirse en un auténtico calvario.
Cuando de alimentos se trata las preguntas recurrentes se inclinan por el qué y cuánto. Carlos González en su libro “ Mi niño no me come” hace reflexionar sobre todo en el segundo aspecto, en estrecha relación con el primero, y desde su título mismo nos plantea un reto no sólo lingüístico: no me come, por no come. Siguiendo algunas de las ideas de este autor y el objetivo de estas líneas llegamos a algo más profundo, de lo que no siempre somos conscientes: el cómo y para qué. Y digo esto, porque a veces se centra la atención más en el qué y cuánto. Por ejemplo, muchas de las conversaciones de los padres, sobre todo en los primeros meses de vida de los niños – incluso con cierto sentido competitivo- se centran en lo que come, cuánto pesa o mide, y aunque eso evidencia un elemento de crecimiento en el niño que padres y pediatras siguen de cerca, es saludable también un intercambio sobre el cómo se hace, ese disfrute y relación padres- hijos para dar sustento a estos últimos. ¿ qué alimento priorizar, entonces?
Llegado a este punto, quiero subrayar la importancia de lo que Isabel Menéndez ha designado en su libro homónimo como alimentación emocional, pues evidentemente como afirma la autora “el acto de alimentarse está íntimamente ligado, desde los primeros momentos de la vida, a la construcción de las emociones. Casi todos los conflictos de nuestro mundo interno tienen un reflejo en el modo en que nos alimentamos”. Y por supuesto va mas allá de si fruta, verdura, carne....Transmitimos también en ese acto de satisfacción biológica, nuestras alegrías, esperanzas, manera de relacionarnos, la angustia, la impaciencia...porque precisamente, las emociones están en la vida misma y el acto de alimentarse no es químicamente puro.

Por Rogelio Fernández Ortea
Y digo esto porque en las últimas semanas estoy empezando a sentir cosas que yo oía a mis mayores, cosas que hacían referencia a echar de menos otra forma de vivir, otra forma de ser, de recordar tiempos pasados. De echar de menos, en mi caso, la educación, la urbanidad, la cortesía, la politesse, como dirían los franceses.
Me resulta complicado entender cómo dos personas que se cruzan por un pasillo solitario, solas ellas dos en un corredor tan estrecho que casi obliga al roce al pasar, no se saludan, sólo esquivan la mirada y pasan sin reconocerse como personas con un saludo. Me produce tristeza cuando entro o salgo de un vestuario, de una sala de dentista o donde diantre (s) me encuentre con otras personas y que mi saludo se quede huérfano de respuesta, despojado de uno de sus fundamentos, de una de sus ilusiones, de una contestación afable, educada, de un simple hola o de un adiós. Me produce “rabia” cuando entro en un comercio y la persona que está dentro del establecimiento, supuestamente para atender al cliente, para satisfacerle, para entablar una relación de venta con él, conmigo, se da la vuelta justo en el momento en que me ve, con una expresión de indiferencia, incluso, en algunas ocasiones, de desagrado diría yo, y me deja solo en la entrada de la tienda, de la oficina, de la recepción, con la sonrisa helada en mi boca. Siento mucha pena cuando veo que hoy en día se te estropea el coche en la mitad de la ciudad y nadie te presta su apoyo para retirarlo de la calzada... y tengo que dar gracias a Dios de no tener esos jefes o jefecillos que entran a sus puestos de trabajo sin un “buenos días... ¿cómo estás?” o un simple hola, personas que no son capaces de reconocer, con un saludo, la presencia de las personas que trabajan bajo su dirección.

Por Jon Berastegi:
Nos gustaría traer a estas líneas un debate común existente en nuestras reuniones: ¿Cuál es la diferencia entre emoción y sentimiento? ¿Se trata del mismo proceso en diferentes fases? Para poder responder he repescado varias de las teorías explicativas realizadas por Antonio Damasio.
Damasio rompe la baraja y afirma que aunque algunos sentimientos están relacionados con las emociones muchos no lo están. Todas las emociones generan sentimientos si uno está despierto y alerta, pero no todos los sentimientos se originan en las emociones.
Por ello, como hemos podido leer en diferentes Post, ante una emoción, la persona sufre un cambio del estado corporal externo e interno. Estos cambios están siendo señalados continuamente en el cerebro a través de terminales nerviosos. Estos circuitos se inician en la cabeza, cuello, tronco y extremidades, atraviesan la médula espinal y el bulblo raquídeo y el tálamo, viajando hasta el hipotálamo, las estructuras límbicas y varias cortezas somatosensoriales.
RESOLUCION DE LOS CONFLICTOS - Vania Maldonado - 2008-10-10 06:52:40
IE y empresa - rosita - 2008-10-09 21:49:15
Acoso escolar y Educación Emocional - Barbara - 2008-10-09 18:48:06
Buen congreso de investigación sobre Inteligencia Emocional - marisela - 2008-10-07 02:17:57
LA COMUNICACIÓN FAMILIAR. Consecuencias en la adolescencia. (46)
Definiciones de Inteligencia Emocional (35)
EDUCACION EMOCIONAL, ¿POR QUÉ? (31)
Emoción vs. Sentimiento (24)
IE y empresa (18)
¿ANALFABETISMO EMOCIONAL? (17)
LA GESTIÓN EMOCIONAL. La frustración en la infancia (17)
LA RUEDA DE LA AGRESIÓN. Emociones que interfieren. (17)
Maltrato Emocional (16)
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