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Por Olatz Elizondo
En las experiencias, contactos y trabajos que he realizado con adolescentes y niños, he observado, con mayor preocupación últimamente, los valores y creencias que tienen en tales temas como el amor, el respeto al prójimo, resolución de problemas, el modo de comunicarse, la autoridad, el modelo de persona a seguir… Hablando con ellos y analizando las situaciones, pienso que, además de otras razones, la programación televisiva tiene una gran influencia en todo esto.
El mirar la televisión es uno de los pasatiempos más importantes y de mayor influencia en la vida de niños y adolescentes. La televisión puede entretener, informar y acompañar a los niños, pero también puede influenciarlos de manera indeseable.
El tiempo que se pasa frente al televisor es tiempo que se le resta a actividades importantes, tales como la lectura, el trabajo escolar, el juego, la comunicación con la familia y las relaciones sociales. En mi opinión muchas veces los niños no saben diferenciar entre la fantasía presentada en la televisión y la realidad. Los niños también pueden aprender cosas en la televisión que son inapropiadas. Además, están bajo la influencia de miles de anuncios comerciales, muchos de los cuales son de bebidas alcohólicas, comidas de preparación rápida y juguetes.

Por Javier Riaño
Advertencia: las líneas que siguen a continuación nacen del pensamiento y del procesador de textos de un estudioso/aprendiz de la psicología convencido de las bondades –y debilidades- de la ciencia del comportamiento humano. Soy consciente de la contradicción. Pero es que estoy convencido de que el comportamiento humano, muchas veces, es impracticable.
“¿Ya han dejado de chillar los corderos?” es la frase con la que Hannibal Lecter inicia la última conversación de la película “El silencio de los corderos”, mi película favorita. Y, en su parte final, nos impresiona, “emociona”, con una entrevista modelo en entre Hannibal y Clarice que tiene mucho que ver con el tema que nos ocupa.
Clarice pretende recoger el conocimiento sobre los asesinos múltiples de un Hannibal Lecter enjaulado. Y como método de investigación, le propone
”… Primeros principios, Clarice. Simplicidad. Lea a Marco Aurelio. De cada cosa pregúntese qué es en sí misma, cuál es su naturaleza. ¿Qué es lo que hace el hombre al que están buscando?”
Por un lado, en esta entrevista modélica, Hannibal nos alecciona sobre la investigación, sobre los criterios de pertinencia y parsimonia que deben regirla.
Esta es una historia vieja como lo son las relaciones, contada, casi, desde que el ser humano decidió acercarse a otro, que lo miraba con interés. Es una historia sobre una emoción que se gestó en sociedad, que sólo vive el que mira hacia adentro, estando en presencia de otros. Estoy hablando de la envidia.
Parece inevitable, que nos comparemos, en lo que tenemos, hemos conseguido, y prevemos lograr, con aquellos que están a nuestro alrededor. Con la necesidad de tener una referencia, cotejamos, en lo que nos importa realmente, lo que hacemos, con lo que otros, en similares circunstancias, hacen.
Podríamos discutir sobre lo que significa tener envidia (e incluso habría que definir el término), sobre si existe una envidia sana y una mala, pero aún más clarificadora es la sensación en el cuerpo cuando pensamos en la propia palabra: “envidia”. Quizá el lector sienta rechazo en un primer momento, generado por algo literalmente indeseable, y parece que inevitable como es sentir envidia de lo que otras personas tienen (material o intangible), e incluso la sensación se torna negativa en cierto modo, no sabemos muy bien porqué. Parece que a veces, unos y otros, vemos diferente la envidia, e incluso con intenciones opuestas, sin embargo, dicha diferencia está sólo en nuestro deseo…para con el otro. Cuando nos comparamos con otros, sentimos que ese otro tiene algo que yo quiero, y que, de alguna manera no tengo. Quién sabe si podré tenerlo alguna vez, pero, hoy no está a mi alcance.

Por Jon Berastegi:
Desde que pude leer el libro de Daniel Goleman “Inteligencia emocional”, el cual llegó a ser “Top Seller” en medio mundo, me sentí cautivado por el mundo de las emociones que en él se diseccionaba. Hoy en día, después de algunas horas de formación, lectura de diferentes expertos y la práctica en el día a día, este tipo de inteligencia me cautiva más aún si cabe.
En un principio fue Charles Darwin y sus investigaciones sobre fenómenos emocionales en especies no humanas, después me gustaría recordar entre otros a Sigmund Freud, ya que las emociones fueron el eje de su investigación… y como no también recordar a diferentes grandes autores que trataron las emociones en sus diversos estudios como Rogers, Yung,… Aunque mucho antes de existir la Inteligencia emocional como tal, ya se incluían las emociones como parte del Ser Humano, nunca se llegó a abordar de forma tan decisiva el tema de las emociones, como en el momento en el cual ahora nos encontramos, en el siglo XXI.

Por Olatz Elizondo
Hoy me atrevo a hablaros sobre las funciones y repercusiones de la transmisión de afecto y de sentimientos de los padres/madres a sus hijos. Ya que creo que es uno de los pilares importantes en el desarrollo del niño.
El ser padres/madres no nos dota ni con los conocimientos ni con la habilidad que se necesitan para formar jóvenes confiados en sí mismos, emocionalmente estables, y capaces de vivir como personas que funcionan plenamente y desarrollan existencias significativas.
Todo crecimiento y todo comportamiento se observan ante el telón de fondo compuesto por la búsqueda de identidad y autorrespeto que dicho niño lleva a cabo.

Por Javier Riaño
Una anécdota ¿Realidad o ficción?
“Acabo de finalizar un proyecto. Es algo importante para mí, le he dedicado muchas horas de investigación, ideas, desarrollos, prototipos y borradores, reuniones, lectura, alegrías y tristezas, momentos de euforia y desamparo, … Incluso he hipotecado parte de mi vida familiar en él. Me veo reflejado. A veces, más que un proyecto empresarial, veo en él los trazos de una autobiografía. Se lo entrego a mi responsable previa presentación “ppt.” No ha quedado mal. He jugado bien con las transparencias. Han sido claras, sencillas, motivadoras… Ahora le toca a él. ¿Qué opina? ¿Le gusta? ¿Es viable? ¿Moverá ficha? Y de repente algo falla, se hace el vacío, el silencio ocupa el espacio, después de la presentación viene la nada… Mi autoestima se resiente. Me siento airado ¿Me habré dejado algo? ¿No le interesa? ¿Qué ocurre?
Vuelvo al despacho despechado, lamiéndome las heridas, a la espera de que llegue el motorista portador de malas noticias o –mejor aún- a desplegar mi pequeña venganza en forma de “apatía”
Una interpretación ¿Adecuada o inadecuada?
No creo que se trate de una generalización inadecuada como diría Beck del pensador depresivo, ni de una atribución de causalidad externa, global y estable, generadora de la melancolía de “Calimero”, como diría Seligman. Tampoco es una evidencia (contra el pensamiento de Watzlavick) de la posibilidad de no comunicar. Más bien estoy convencido de que todas las personas que participamos en la vida de las organizaciones –respetando ciertas variaciones en cuanto a la intensidad del feed-back- nos hemos encontrado con situaciones como la que acabo de describir.
Por Igor Frenández
“La única certeza que tenemos, es la que más tratamos de negar”. Y es así, de pocas cosas podemos estar tan seguros como de que, algún día, nos moriremos. Llevaba un tiempo queriendo traer la muerte a estas líneas, a pesar de que soy consciente de que no se trata de un tema agradable, atractivo, o propio de espacios como este. Ni más ni menos que por lo incómodo que es asomarnos a nuestro propio final. Las pérdidas, tanto temporales como definitivas, acarrean la reestructuración del espacio conocido, sin una pieza que solía estar ahí, sin algo o alguien que era fundamental, querido. Construimos el mundo dando por sentado que todo continuará en el lugar donde lo dejemos cuando volvamos a mirar, ya que una realidad impredecible resulta mucho más intolerable, que contemplar el incómodo tanto por ciento que hace que las cosas no nos sean favorables. Asumimos que viviremos para siempre, que quienes están a nuestro alrededor seguirán estándolo, y olvidamos, que, simplemente, eso no es cierto, no puede serlo.
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Por Jon Berastegi:
Consumo de drogas, sida, conducción temeraria, indisciplina, embarazos no deseados, anorexia, estrés, ansiedad, violencia… Si analizásemos las causas posibles de este tipo de comportamientos, entre otras, descubriríamos que podrían estar relacionadas con la dimensión emocional. Bien puede ser por no reconocer las emociones que estamos sintiendo (tristeza, ira, miedo, ansiedad...), o bien por sentirme incapaz de controlar las propias emociones y los comportamientos que ese descontrol desencadena.
Llevamos casi un año escribiendo en este blog, y nunca me había aventurado a escribir sobre la Violencia escolar, aunque en los cursos de formación a profesores dentro de la Educación Emocional es un tema de gran importancia. En este Post me gustaría centrarme en la violencia entre iguales, y más concretamente en el Acoso escolar.

Por Javier Riaño
Me voy a permitir una pequeña licencia y ésta es aprovecharme de un personaje de ficción para explicarme: Harry Potter.
Seguramente hayas leído alguno de los libros sobre Harry, o hayas visto alguna de las películas sobre sus andanzas, o –en su caso- hayas sufrido el “merchandising” organizado en torno a este personaje. Por eso me he atrevido a citarlo como fuente para una reflexión. Bueno, por eso y porque Aurora, Nagore y Markel son sus fieles seguidores.
Harry es un niño mago, huérfano, que estudia magia en Hogwarts, y jugador de un extraño juego llamado quidditch. Amigo de sus amigas y amigos, encarna buen número de valores. Pero Harry –para variar- tiene un enemigo mortal, un enemigo que –en la ficción- encarna casi todos sus contravalores: pureza de la raza, intolerancia, odio, agresividad, xenofobia… Un enemigo cuyo nombre nadie es capaz de nombrar… ¿Nadie? No… Hay una persona capaz de llamarle por su nombre: Harry Potter. ¿Y qué tiene esto que ver con la inteligencia emocional y con la competencia de identificar y nominar las emociones?
Pues precisamente eso. En el mundo de la magia nadie se atrevía a nombrar a Voldemort, al “innombrable”. En las empresas, donde nosotras y nosotros pasamos ocho horas al día, (inciso: además de dedicarles otro tanto a hablar de nuestra mala vida en ellas, sin descontar las 8 horas/día en las que dormimos soñando con ellas) ocurre algo similar: que prácticamente nadie se atreve (perdón, nadie nos atrevemos) a hablar de las emociones, de su relevancia en el funcionamiento general, de su importancia e intensidad, como si por el mero hecho de “no nombrarlas” desaparecieran, como si por el simple hecho de “ignorarlas” desaparecieran, conjuráramos su hechizo, como si el mero hecho de nombrarlas, de reconocer que sentimos tristeza, ira, cólera, melancolía, … nos hicieran más …¿sensibles?, ¿vulnerables?, ¿frágiles?, ¿humanos?
Por Igor Fernández
Hace unos días me encontré con una buena amiga mía, que trabaja en Recursos Humanos en una empresa que ha crecido mucho en poco tiempo. Me hablaba, entre otras muchas cosas, del nuevo rumbo que su organización está tratando de adoptar, para afrontar los nuevos tiempos de crecimiento. Ella hacía referencia a muy buenas intenciones por parte de quien tenía que tomar las decisiones, pero poca respuesta a las necesidades de quienes tenían que llevar a cabo esos bienintencionados proyectos.
En los entresijos del sistema, faltaba lubricante, y las piezas, personas en este caso, rozaban unas con otras, como descuidadas ruedas dentadas que el
tiempo somete a presiones cada vez más insoportables. Como no podía ser de otra forma, las ruedas, cadenas y cableado de la máquina se corroían, enredaban y por último partían, haciendo el funcionamiento del resto del sistema, algo cada vez más complicado.
Cuando ella me contaba todas estas cosas, en su voz se notaba el cansancio, el hastío y la desesperanza, para poder llevar adelante el proyecto del grupo, ideológicamente compartido. Como una rueda que chirría, ella se quejaba con palabras estridentes, frases que no llevaban sino a una forzada resignación.

Por Jon Berastegi:
Empatía, comúnmente definida como “ponerse en el lugar del otro”, puede ser definida como la capacidad (gracias a las neuronas espejos), habilidad (ya que es posible su desarrollo) y actitud (la motivación necesaria) que consiste en lograr contactar con las emociones de los demás, tomando conciencia y logrando descodificarlas.
La empatía también denominada como “el radar social”, empieza en uno mismo. Por ello tomar conciencia de las propias emociones y lograr un autocontrol de las mismas se considera indispensable para el desarrollo de la empatía. Sin la capacidad de darnos cuenta de nuestros propios sentimientos jamás podremos contactar con los sentimientos o estados de ánimo de otras personas.
Me gustaría recalcar los beneficios de ser una persona empática:
• Ayuda a conocerme y a comprenderme a mí mismo y a los demás.
• Mejora la propia autoestima y la de los demás.
• Mejora y amplia nuestras redes sociales.
• Rompe con los estereotipos convertidos en prejuicios.
• Mejora la eficacia de la puesta en práctica de nuestras habilidades emocionales.

Por Olatz Elizondo:
La autoestima no tiene nada que ver con ser perfecto, con no tener defectos. La autoestima se basa en la aceptación sin condiciones de uno mismo. Hay que entender y sentir, que la persona es útil desde su nacimiento a pesar de sus defectos. El sentirse bien con uno mismo no se consigue tras corregir todos los defectos sino a pesar de ellos.
La autocrítica nos dice que los defectos son prueba de la no valía, y estar de acuerdo con esto si que es el mayor defecto de todos.
Cuando somos pequeños, nuestros padres/madres son todo nuestro mundo. Necesitamos profundamente la aceptación que nos proviene de ellos, y esto es lo que más nos motiva. Intentamos contentar a nuestros padres para conseguir su aceptación. Para el niño sus padres/madres son como un espejo, a través de ellos el niño se ve como una persona hábil, rápida, querida o desprotegida, tonta, rechazada, etc.

Por Javier Riaño
Hace algún tiempo en algún sitio leí una definición que me quedó grabada. Con referencia a esas personas instruidas en diferentes disciplinas, lectoras compulsivas y conocedoras de multitud de datos, la definición decía que una persona erudita era aquella que sólo había recogido de los libros leídos el polvo acumulado en las estanterías. Polvo acumulado en las estanterías que ni siquiera habría producido nuevas conexiones sinápticas, ya que no habría impregnado su cerebro, sino solamente “manchado” su cráneo.
En los últimos tiempos, diferentes acontecimientos me han traído a la memoria esta cita de manera recurrente. Y –en mi opinión- podríamos emplearla en otros contextos diferentes pero cercanos.
Por ejemplo, uno puede volver de un largo viaje sin más carga en la mochila que el polvo acumulado en el camino, unos cientos de fotos (más bien, unos megas de información en esta era digital) y algunos regalos comprados a última hora. Unas imágenes en la retina, algunas anécdotas para comentar en el txoko y poco más. Ningún cambio. O –por el contrario- la reafirmación en las propias costumbres y la consideración de la propia gastronomía como la mejor del mundo... “Y es que, como aquí, en ningún sitio, oiga”.
Por Igor Fernandez
Es un hecho que las emociones se utilizan para hacer que las personas adoptemos unas conductas determinadas, referidas a actitudes ante circunstancias que vivimos, o a nuestra manera de consumir. Las pequeñas y grandes marcas comerciales (éstas últimas con más éxito), nos inducen a un estado emocional determinado que se asocie a un producto que pretende ser puesto a la venta, relanzado o expandido a un nuevo público. También es una eficaz estrategia apelar a las emociones de los votantes, no importa de qué signo, para ejercer su derecho a oponerse a lo que otros están haciendo mal. Imagínese el lector lo que sería que en lugar de hablar de tantas cosas para llegar al objetivo, los políticos dijeran “bueno, desde la cúpula del partido hemos decidido que ustedes han de sentir enfado, asco, miedo… de lo que está diciendo nuestro partido antagónico” .
Es innegable, además que estas técnicas funcionan. Nos enternecemos cuando vemos a los niños en anuncios de televisión, se nos encoje el estómago cuando oímos un sostenido silencio en la radio, por parte del locutor, y sentimos una rara sensación cuando vemos un anuncio de dimensiones obscenas en el que un joven efebo o una tierna ninfa se yerguen semidesnudos para seducirnos sobre las bondades de un producto cosmético.

Por Jon Berastegi:
En el proceso de formación de formadores del primer nivel del desarrollo de la Educación Emocional, surge un interrogante muy común: ¿Cuál es la diferencia entre emoción y sentimiento? Este post va dirigido a intentar aclarar ese difícil interrogante.
Emoción y sentimiento casi se utilizan como sinónimos en el lenguaje coloquial e incluso en el lenguaje científico diferentes autores utilizan diferentes atributos para diferenciarlos, de ahí su general confusión.
A lo largo de la Historia la utilización de los diversos términos emocionales no ha sido clara, precisa y delimitada de ahí su actual dificultad de definición. Según R. Bisquerra:
La emoción puede ser definida como un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que puede ser fuerte. Son reacciones afectivas, más o menos espontáneas, ante eventos significativos. Implica una evaluación de la situación para disponerse a la acción. La duración de una emoción puede ser de algunos segundos a varias horas.
Por Rogelio Fernández
Inteligencia emocional: Capacidad de percibir y expresar emociones, de asimilar las emociones en el pensamiento, de comprender y razonar con las emociones y de regular las emociones en uno mismo y en los demás (Mayer, Salovey y Caruso, 2000: 396)
¿Cómo puede engarzar esta definición con la política, con las políticas públicas?
Para mí, y después de leer una entrevista realizada a D. José Ramón Guridi, diputado de Innovación y Sociedad del Conocimiento de la Diputación Foral de Gipuzkoa, la respuesta es sencilla: en su puesta en práctica, en su difusión y en su formación. Éste es el caso de la Diputación de Gipuzkoa, donde han engarzado estos dos conceptos: la Inteligencia Emocional y las políticas públicas.
En la entrevista que les comento, José Ramón Guridi explicaba las cuatro líneas o ejes fundamentales sobre los que se van a articular las políticas públicas de su departamento, tan cercano a la empresa debido a su propia denominación: Innovación y Sociedad del Conocimiento. Estos ejes maestros son el Aprendizaje Emocional y Social; Emprendizaje; Apoyo a la Ciencia, Tecnología e Innovación, y Sociedad de la Información y la Comunicación. Una apuesta fuerte e innovadora sobre todo la orientada al aprendizaje emocional y social.
Aprender a renunciar: diferencias entre la rabia y la tristeza. - ígor-Autor - 2008-07-03 16:04:16
Aprender a renunciar: diferencias entre la rabia y la tristeza. - Gotzon - 2008-07-03 09:58:52
Aprender a renunciar: diferencias entre la rabia y la tristeza. - Gotzon - 2008-07-03 09:56:56
Liderazgo emocional - FRANCISCO VIDAL - 2008-07-02 23:53:56
LA COMUNICACIÓN FAMILIAR. Consecuencias en la adolescencia. (42)
Definiciones de Inteligencia Emocional (32)
EDUCACION EMOCIONAL, ¿POR QUÉ? (28)
¿ANALFABETISMO EMOCIONAL? (17)
IE y empresa (17)
LA RUEDA DE LA AGRESIÓN. Emociones que interfieren. (17)
LA GESTIÓN EMOCIONAL. La frustración en la infancia (16)
Maltrato Emocional (15)
Maltrato Emocional (2da. parte) (15)
Junio 2008 (14)
Mayo 2008 (12)
Abril 2008 (13)
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